sábado, 28 de noviembre de 2020

Una gota de tigre


 

En homenaje a Ringo, Donna, Rocky

Tita, Titina, Cassatta y Almendrado

Mili, Camila, Fernández, Bianca 

y la aquí en la foto: Maggie.


Gracias a toda la gente que nos regaló sus palabras, pensamientos y  amor a les gates para que nos escribamos entre todes estos poemas:


Poemas colectivos

 

Un gato

es una gota

de tigre

 

Jairo Anibal Niño

 

 

Un gato es

una sorpresa permanente

una nube silenciosa

un almohadón de seda.

Un gato es

un instante fugaz

un cazador inimputable

un pequeño dios.

Un gato es

un sigilo nocturno

tu sombra

una mirada que atraviesa.

Un gato es

un salto de terciopelo

Nubiluz

mitad nube y mitad luz

es ronroneo y fuga.

Un gato es

un recuerdo de siesta

una zancadilla de felpa

un ronrón interminable.

Un gato es

un recuerdo de tigre

en su vida pasada.

Un gato es

Adorno y Cortázar.

Un gato es

el día y la noche conjugados

en su mirada

una sombra suave

el filo de la espera.

Un gato es

una estrella fugaz que rasga

el cielo raso

miauténtico misterio.

 


Porque reparamos en los gatos

(a la manera de Christopher Smart)

 

 

Porque cuando me mira ve lo que nadie ha visto.

Porque son guardianes de nuestro campo energético.

Porque nos acompañan con su energía mágica.

Porque me acaricia convocando mis pensamientos errantes.

Porque hace lo que quiere, lo amo.

Porque hace lo que quiere, no lo amo.

Porque constatar una superioridad gatuna duele, no los amo.

Porque ven lo que nadie ve.

Porque interrumpen lazos casi sin hacerse cargo.

Porque sostienen la mirada como nadie y adivinan mis pensamientos.

Porque me lleva a detenerme en la caricia de la tarde que acontece.

Porque sus juegos nos invitan a soñar despiertos.

Por la sabiduría de su presencia.

Porque espera indiferente.

Porque su tiempo de relojes sin cuerda me invita a la calma.

 


sábado, 24 de octubre de 2020

Con la cabeza en las nubes

 


(La imagen del flyer es del artista holandés Berndnaut Smilde)



Nubes

(un poema colectivo)

 

Quiero una nube pomposa

En el cielorraso de mi habitación

Preparada para los días con ganas de leer.

Quiero una nube rosa de los atardeceres de verano.

Quiero una nube de lluvia para mi jardín,

Nubes rosas y grises.

La nube del amor, quiero.

Una nube que preanuncie tormenta,

Que traiga rayitos de sol.

Una nube de azúcar, nube con ángeles.

Quiero una nube gorda de agua y otra

como ovejita.

Una nube que traiga perfumes de tarde de otoño.

Quiero la nube del final de arcoíris

Y una de sal y una de lana.

Una nube-perro caniche, nube-conejo.

Nube de paz.

Quiero una nube para poner a los pies de la cama

Y una espiralada que nos envuelva de amor.

Una nube alfombra y una movediza.

Una nube para descansar.

Una nube de té con limón sobre mi biblioteca

Y una con olor a jazmín.

Una nube para viajar.

Quiero una nube mullida para sentarme a estudiar.

Nubes de alegría, de pompas traslúcidas.

Una gato-nube flotando esponjosa.

Quiero una nube que resguarde la entrada de mi casa

Y otra que me cobije del desamparo.


 

Manifiesto para una Sociedad de las Nubes:

 

·         Las nubes son propulsoras de ensueños.

·         Las nubes son augurios de buena vida.

·         Sin nubes no tendríamos vegetación, no habría lluvia.

·         Las nubes son los suspiros de nuestras almas.

·         Las nubes nos enseñan que la belleza es efímera.

·         Las nubes nos calman, nos ayudan a empezar de nuevo.

·         Estar en las nubes es un estado glorioso. Reivindicamos firmemente estar en las nubes.

·         Las nubes representan nuestros anhelos de esperanzas.

·         Las nubes son los secretos del cielo. Debemos aprender a leerlos.

·         Las nubes son todas las posibilidades que nos esperan.

·         A través de la distancia, cuando estamos lejos, podemos mirar el cielo y sentirnos unides.

·         Las nubes son el instante.

·         Reivindicamos el derecho a vivir en las nubes y también, a descansar en la luna.

·         No hay dos nubes iguales.

·         Las nubes vuelan como los pájaros.

·         Sin nubes, nuestra vida sería un dibujo estático.

·         Las nubes alientan nuestros sueños y nuestros pensamientos.

·         Las nubes nos enseñan a volar.

 

 

jueves, 30 de julio de 2020

Una forma (transforma)



El viernes 17 de julio nos encontramos virtualmente con un grupo de chicas y chicos de la Biblioteca Pajarita de Papel de Bahía Blanca para cruzar formas y paisajes, andando con un caballito por ahí.
Leímos el poema de Roberta Iannamico: La frontera de su libro Tendal y después escribimos los nuestros:

Este poema lo escribimos entre todes!!

Una forma

(transforma)

Con un chanchito rosado
ando por ahí.
A nuestro paso
crecen las flores,
llevo un maíz
y un ají.
El terror que le tengo al perejil
y al maní.
Mi chanchito rosado
se arma y se desarma
ahora es una rana
que salta de charco en charco
y come moscas.
Y ahora es un tucán
el rey de la selva
y ahora es un gato
que duerme arriba del árbol
y ahora es un ratón
que come queso y baila
el minué.
Y ahora soy yo
un globo que va por el cielo
feliz
mirando desde arriba
mi viejo pueblo.


Josefina siguió andando por ahí...


Poesia para la lluvia

Con un paraguas
ando por ahí
bailando.
Mañana
me cuentan otro cuento
mientras tanto
presten atención
a lo que dice la lluvia:
Llueve llueve
día y noche
llueve llueve
toda la semana.

Yo tengo un pato Nato.

Anda por ahí
cerca de la luna.
Anda por allá
en la laguna.
Anda por acá
en su cuna.
Yo tengo un pato Nato
que quiere un zapato,
también quiere maní
y una Pata Nata.
Cuando con Pata Nata
andan en bicibleta,
andan por ahí en la luna
andan por allá en la laguna
andan por acá en la cuna.
Yo tengo unos Patos Natos.
Ya ninguno quiere nada
porque son muy felices
como Patos Natos.

El lenguaje de las cosas



El viernes 24 de julio nos encontramos virtualmente con un grupo de chicas y chicos de la Biblioteca Pajarita de Papel para jugar con las palabras y las cosas.

Leímos a María José Ferrada y después nos pusimos a escuchar lo que nos dicen todas esas cosas que habitan tan cerca nuestro.
Aquí algunos de los secretos que descubrimos:




Josefina

La sombrilla
La sombrilla es muy sagrada en el verano.
La sombrilla esconde un gran tesoro por dentro o a veces, por fuera.
Como sobre la arena está, siempre guarda algún pedacito de oro.


Franco

La almohada
Mi almohada me dice:
Vení a dormir, estoy blandita.

Julia:

Lo que dicen

El libro:
¡Abran mis tapas,
que está todo oscuro!

El techo:
Yo los cubro a ustedes, pero…
¡¿Quién me cubre y me protege a mí?!

El sillón:
¡Oye!
¡No te sientes sobre mí!

viernes, 8 de septiembre de 2017

Alerta pero sin alarmarse

En esta semana de "últimas noticias de la próxima guerra", en medio de preparativos de uno y otro lado del mundo, la literatura y sus juegos nos consuelan, una forma de la esperanza:

Hipótesis 
sobre un dibujo de Shaun Tan de Cuentos de la periferia, Barbara Fiore editora.


¿Qué son? ¿Lapiceras o cohetes?
Son taaaaan altas.
¿Son lapiceras?
Serán lapiceras cohetes.
Qué raras.
¿Serán torres?
¿Cuántas puntas tendrán? ¿Y por dentro?
¿Será una base secreta?
¿O torres de vigilancia?
¿Será la base A705?
¿O serán bases que han hecho los niños?
¿Nos estarán invadiendo?
¿Unos pájaros de vigilancia que no dejan que salgas?
Tal vez los niños que están dentro de esas bases puntiagudas como torres, nos defenderán de los pájaros.
¿O los niños habrán sido raptados en la torre A705?
¿Tenemos a Terminator de nuestro lado?
No, no lo creo.
Todos al chorizo!
Chan chan chan.


Gino, Juani y Rogelio



Y el cuento de Shaun Tan:

Alerta pero sin alarmarse

Tiene gracia que ahora que todo el mundo tiene su proprio misil balístico intercontinental en casa ya nadie piense en ello. Al principio los repartieron al azar.
En un primer momento fue muy emocionante: algún conocido recibía una carta del gobierno y al cabo de una semana un camión le llevaba el misil. Después tenía que haber uno en la casa de cada esquina, más tarde también en la de los vecinos de éstas, hasta el punto que hoy en día resultaría extraño que alguien no tuviera un misil junto al cobertizo del jardín o junto al tendedero.
Sabemos por qué los tenemos ahí, por lo menos tenemos una idea aproximada de ello. Sabemos que debemos proteger nuestra forma de vida en un entorno cada vez más hostil, que todo el mundo debe participar en la seguridad nacional (aliviando la presión a la que están sometidos los almacenes armamentísticos) y, sobre todo, que cada cual tiene derecho a sentirse recompensado con la sensación de estar aportando su granito de arena.
Es un compromiso modesto. Sólo implica limpiar y encerar el misil el primer domingo de cada mes y, de vez en cuando, echar un vistazo a la varilla del nivel de aceite. Una vez cada varios años recibes una caja con un bote de pintura, señal inequívoca de que ha llegado el momento de eliminar cualquier rastro de óxido del misil y de que hay que darle una mano de pintura de color gris plomo.
Muchos de nosotros, no obstante, hemos empezado a pintar los misiles con otros colores e incluso hay quien se ha animado a decorarlos con dibujos de mariposas o motivos florales. Ocupan tanto espacio en el jardín que lo mínimo que podemos hacer es intentar que queden bonitos.
Además, los panfletos del gobierno no prohíben utilizar otros tipos de pintura que no sean los que ellos te proporcionan. Últimamente también nos hemos acostumbrado a cubrirlos de lucecitas por Navidad. Deberíais subir a la montaña de noche y ver los centenares de agujas encendidas que brillan y parpadean en la oscuridad.
Además, al misil del jardín se le pueden dar un montón de usos prácticos. Si destornillas la tapa inferior y sacas los cables y todo el resto, puedes utilizar el espacio como semillero o para guardar las herramientas, las pinzas de tender la ropa o la leña. Si se renueva un poco más a fondo, puede transformarse fácilmente en una fantástica «cabaña-cohete espacial» y, si tienes perro, puedes ahorrarte la caseta.
En una de las casas incluso han plantado una chimenea en la parte superior del misil y lo han transformado en horno para pizzas. Sí, todos sabemos que es muy posible que el día que el gobierno decida finalmente venir a buscarlos, los misiles ya no funcionen, pero con el paso del tiempo hemos dejado de preocuparnos por eso.
En el fondo, la mayoría tenemos la sensación de que es mejor así. Además, albergamos la esperanza de que, si en los países del otro lado del mundo las familias también tienen los misiles en el jardín de casa, armados y apuntados hacia nosotros, también ellos les hayan encontrado aplicaciones mucho mejores.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Me acuerdo...

Me acuerdo del miércoles que trabé la puerta del Museo y no podíamos salir.
Me acuerdo de las veces que Eli olvidó dejarme la llave.
Me acuerdo de cuando Emilia dijo que acaso somos piojos en la gran cabeza del mundo.
Me acuerdo de Renato jugando con su campera y sus brazos. Me acuerdo cómo nos reímos.
Me acuerdo de los tristes poemas de amor de Dana. Me acuerdo de que me daban ganas de llorar.
Me acuerdo de cuando dibujamos las esculturas de Rafael Martín. De cómo se estiraba todo.
Me acuerdo del día que estaba sola con Emilia y escribimos sobre la lluvia.
Me acuerdo del tiburón de un triángulo que Renato leyó tantas tantas veces.
Me acuerdo de cuando llegó Juani, estábamos haciendo postales.
Me acuerdo de la alegría cuando llegaron los libros de Poesía en la escuela con los poemas de las chicas y los chicos.
Me acuerdo del lavarropa lavamundo de Rogelio y de que no me olvidé nunca.
Me acuerdo de cómo les gustó leer a Girondo y cómo yolleamos toda la clase.
Me acuerdo de La Tarara que cantamos rimando palabras de una cajita.
Me acuerdo del picnic de la primavera. Me acuerdo del juego de las preguntas.
Me acuerdo cuando a la pregunta ¿Qué es un hombre? le correspondió la respuesta: Una mascota.
Me acuerdo de cuando leímos Bruno la oveja. Me acuerdo cómo nos reíamos.
Me acuerdo de cuando María Antonia nos leyó poemas de Andan descalzas y después Emi escribió que todo deja huella en algún lugar.
Me acuerdo de William Carlos Williams y sus ciruelas y de cómo escribimos nuestras notas en papelitos verdes.
Me acuerdo de la nota de Dana para Bella.
Me acuerdo de los poemas visuales, de todos.

Me acuerdo de mi alegría de los miércoles.
Me acuerdo de ustedes: Dana, Emilia, Rogelio, Juani, Renato...¡Gracias!!


martes, 20 de septiembre de 2016

Quizá todo esto...





-¿Y si los humanos (y humanas) fuéramos piojos en la cabeza de alguien, en la cabeza de un ser gigante? - preguntó Emilia y en el acto recordé un poema de Wislawa Szymborska en el que nos imaginaba parte de un experimento de vaya a saber quién.
Llevé a Wislawa al taller -la bella edición azul de Fondo de Cultura- y pasaron cosas maravillosas.

El poema de W.S.

Quizá todo esto

Quizá todo esto
esté sucediendo en un laboratorio.
Bajo una lámpara de día
y millones de lámparas de noche.

Quizá seamos una generación de prueba
vertidos de un recipiente a otro
agitados en las retortas,
observados por algo más que un ojo,
cada uno por separado
cogidos al final con pinzas.

Quizá de otro modo:
sin intervenciones.
Los cambios suceden por si mismos
conforme al plan.
La aguja gráfica dibuja lentamente
los zigzags previstos.

Quizá hasta ahora no haya en nosotros nada interesante.
Los monitores de control pocas veces se conectan.
Solo si hay una guerra, y de las grandes.
Algunos vuelos más allá del terrón de la Tierra.
O grandes migraciones del punto A al punto B.

Quizá al revés:
Solo les agraden los episodios.
He aquí una chiquilla en una gran pantalla
cosiéndose un botón a la manga.

Los sensores silban,
el personal acude.
¡Ay qué personaje es éste
con su pequeño corazón latiendo dentro!
¡Qué seriedad tan graciosa
al enhebrar la aguja!
Alguien exclama exaltado:
¡Avisen al Jefe,
que venga y lo vea él mismo!



Y lo que siguió después de la lectura:

Quizá todo esto
esté sucediendo...
en una gran cabeza, con muchos piojos.
Nosotros somos los piojos.
Alguien está despiojando la gran cabeza de la Señora Mundo.
Justo ahora pasa ese pinchoso peine al lado de mi mano.
Ayyyyy....nooooooo....me caigoooo....

Emilia Chiaradia
(9 años)




Quizá...
un chico nos esté manejando y nosotros seamos muñecos chiquititos.
¿O no será quizá, un mundo debajo de la cama que alguien está haciendo en este momento? Uh! todo se vuelve oscuro. ¿Por qué se vuelve oscuro?
O quizá estemos todos dentro de un tubo de ensayo en una gran biblioteca.
O quizá estemos en una gran maqueta.
O quizá seamos muñecos chiquititos que viven en los bolsillos de gigantes, pelusas de los bolsillos de los gigantes.

Nacho Bullón ( 9 años)


Quizá...
estemos en una casa y seamos muñecos en fuga por temor a ser eliminados.
(Yo me salvé escondiéndome debajo de la cama y he intentado salvar a mis amigos)
O quizá un niño de diez años nos compró y nos salvó de ser eliminados y ahora el niño es feliz jugando con nosotros.

Rogelio Locatti (11 años)




Quizá todo esto
esté sucediendo en un laboratorio
lleno de lupas y lentes
que nos observan y
dudan de nuestro comportamiento.

Quizá que los sorprendemos
de vez en cuando
y logramos un grito
de alegría.

O quiza
cuando fallamos
los hacemos gritar
de furia y nos
asustan con sus
rugidos de ogro
y se enojan y golpean las cosas.
Entonces las luces parpadean y
rompen en llanto.
Claro, después dicen que nosotros somos
los raros.

Quizá que sólo
se fijan en el detalle
más pequeño:
en que un hombre
tiene los cordones desatados
pero no en que ese hombre
está en guerra.

O quizá nos baten
en recipientes para
experimentar con nosotros.
Nos sacan
y con sus guantes verdes
nos empujan de un lado a
otro y nos suben y bajan
y así quedamos mareados
y llenos de curiosidad.

O quizá
ya no somos curiosidad para ellos
porque ya saben nuestras rutinas:
soñamos y tememos,
amamos y lloramos
y a diario peleamos
y no avanzamos.


Dana Ziegemann

(11 años)