miércoles, 27 de agosto de 2014

Somos importantes









Todas las partes del cuerpo
son importantes.
Creo que cuando vi el cerebro.
Me acuerdo de cosas:
el amor lo bueno
lo malo
y la amistad.

Somos importantes.


Pedro (9 años)

Ser niño es lo mejor

Jugar, ser niño es lo mejor. Ver los colores,
ver la ilusión. Ser niño es lo mejor porque
no hay mayor responsabilidad que ser feliz y vivir.
Ser niño es lo mejor.
Fin.


Mora (10 años)



Un pájaro muy mojado
con una rana saltarina
se hicieron amigos
y después se encontraron en un bote
navegaron navegaron
y se conocieron mejor
en el viaje.

Antonella  (8 años)

jueves, 7 de agosto de 2014

Gran circo Hermanos Magnoni

Homenaje al querido amigo Piche Magnoni a través de los recuerdos de su hermana Lochy:

GRAN CIRCO HERMANOS MAGNONI
Nuestra niñez fue hermosa y estuvo llena de juegos compartidos con los amigos del barrio y de la escuela.
Jugábamos a todo: a la casita, a la selva, a la búsqueda del tesoro, a los artistas, a la peluquería, a los cowboys con Norita Remón y Jorge Chiaradía, a bautizar a las muñecas -siempre Piche era el cura- y hasta a la venta de licuados que habían aparecido por entonces.
Pero el juego que más nos apasionaba era el circo.
Nuestro papá, que era muy hábil, nos construyó un columpio enorme, alto, seguro, con grandes tablas de madera que sostenían el pie. Tenía una hamaca sujetada con cadenas y podíamos agregarle un trapecio y una barra para colgarnos, que entraba en los agujeros de los parantes laterales.
Pasábamos horas balanceándonos, colgándonos con manos y piernas del trapecio y de la barra.
Como era la más grande de los dos, yo era quien sostenía; en un envión medido cronométricamente nos enganchábamos volando por unos segundos en el aire.
Así íbamos armando la función y avisábamos a los chicos que también hacían sus partes en el circo.
Colocábamos sillas y bancos, poníamos una sobrecama color rosa viejo a modo de alfombra y comenzaba el espectáculo.
El que estaba dispuesto podía sumarse a la troupe, los demás eran espectadores.
Nuestro perro paseaba en círculos y obedecía órdenes –cuando tenía ganas.
El sulky de Piche recorría la pista con algún niño-jinete sentado en el caballo.
Los payasos eran Ana María y Rodolfo Marcó y juntos hacíamos payasadas.
Para finalizar llegaba el número más difícil y riesgoso: el domador.
Piche, llevando una pequeña silla –que todavía conservo- y un látigo armado con un palito y un piolín, ingresaba valientemente al gallinero y hacía cerrar la puerta para que no se escaparan los leones, digo las gallinas.
El alboroto era tremendo, las gallinas cacareaban volando por todos lados, plumas incluídas. El perro ladraba, el público gritaba y aplaudía.
Estábamos en un circo de verdad, querido hermano mío.

Lochy Magnoni

Agosto de 2014



lunes, 7 de julio de 2014

8 Poetas dorreguenses


Poesía en voz propia: 
8 poetas dorreguenses. 

miércoles, 2 de julio de 2014

Dormir dormir dormir




Yo duermo patas para arriba panza para abajo cabeza para la izquierda.
Duermo con mi perro Tomás y pateo y me despierto y luego duermo y después me despierto y miro la tele y me duermo...

Mora B.
10 años


Duermo como un perro
ronco como un león
pongo las manos debajo
de la almohada
y uso camisón.

Babeo como un caracol
duermo de costado
o de cualquier lado.

Agostina M.
8 años


Duermo con medias
muy afelpadas
con una manta calentita
y muchas almohadas.

Antonella A.
8 años


Duermo linda siesta
abrazada a suave Mampri
mi linda mascota de peluche
quien me ha acompañado
tres largos años.

Ludmila P.
8 años


Duermo...

Duermo con mi abuela Mirta
cuando voy a su casa.
Su gatita me despierta
me lame la cara
la frente y los pies.
Me parece tierna.
¿A vos te parece tierna?

Martina M.
9 años


Duermo como un cachorrito
con pantalón.
Duermo con Ojotes
pelo suelto
y a veces, me chupo el dedo.
Hablo como un lorito pequeñito.
Bla bla bla

Dana Z.
9 años


Duermo como un oso
en mi cama
con mucha sábana
y poca almohada.

Julia M.
7 años


Duermo como una rosa
con los pies bien estirados
arriba en mi cucheta
parece que duermo con un búho
bien cómoda
acomodada.

Julieta M.
8 años


Duermo
con mi gato a veces
con manga corta
y pantalón largo.

Duermo de costado
contra la pared.
Tengo una cama en ele
yo duermo arriba
mi hermana abajo
¿Y vos cómo dormís?

Julieta F.
8 años







miércoles, 27 de noviembre de 2013

La palabra con alas

Compartimento C , Edward Hooper

Leer es un irse de a poco, “irse desgajando línea a línea”, dice Cortázar, en una balsa, descubriendo sobre la marcha el telar del destino, hoja por hoja, irse.
Un libro es otro mundo hecho de palabras, de imágenes, de ideas. Abrir un libro es soltar las alas y echarse a volar, dejándose sumergir en las aguas de la ficción.
Leer es cerrar un pacto nunca acordado, pero acentido desde la primera palabra, creer como un fanático lo que susurran las oraciones mientras avanzan y las otras se fugan de la vista.
La literatura es arte, pero más que arte es una forma de vivir, de ver al mundo, de verse a uno mismo. El que lee está en carne viva a la intemperie del sol y la tormenta, dentro de él se desatan batallas, se despiertan luces, se construyen y destruyen conceptos y arquitecturas que pueden resistir el tiempo o desmoronarse de un soplo.
Cuando se mira a alguien que lee lo que menos que se podría pensar es en movimiento. Sin embargo esto no es así, una secuencia vertiginosa fluye como un feroz río por sus adentros, inundando y carcomiendo su percepción, regalándole una amnesia sin que se de cuenta, mientras anda por esa tierra fundada en las palabras, olvidando por un tiempo inexacto la realidad.
Una persona que lee es más difícil de influenciar, de manipular, tiene la capacidad de esgrimir un argumento, dar fuerza a su pensar.
Leer un libro es leerle la mente a otro, ver transformado en letras el corazón y el alma de quien encuentra en la escritura un refugio.
A las palabras no se las lleva el viento, nos atraviesan, se nos clavan, nos perforan y penetran, no se las lleva el viento, se las queda la memoria y las disfraza de recuerdos. Las palabras hieren, las palabras sanan, las palabras son luz o sombra, las palabras son más que palabras.
A veces un libro se transforma en algo más que letras en un papel, puede ser tantas cosas, menos algo inútil. Un libro se hace parte de uno, nos complementa, nos llena, más o menos, el vacío que otro dejó en nosotros.
He visto  gente llevar a los libros contra su pecho, eso me enternece, imagino que contagian latidos, un trozo de alma que se impregna en las páginas.
Una palabra  puede decir mucho más de lo que uno piensa, están repletas de simbolismos, significados, representaciones. Las palabras van más allá de sus fronteras, “por eso cada palabra dice lo que dice y además más y otra cosas”, recita Alejandra.
Leer te cambia el mundo, ves con otros ojos la realidad, sentís de otra manera, dilatás tus horizontes. Pensar que un libro puede hacer tantas cosas es maravilloso y hasta sobrecogedor.
Leo para sentirme completo, infinito, cuando algo falta en mi día leo, leo con la noche, bajo su silencio, las estrellas son las palabras, constelaciones en mi memoria.
Un libro es un jardín misterioso, un universo de puertas abiertas a lugares impensados.
Cuando leo vuelo, me extingo y resucito, cuando leo soy fénix, cuando leo vivo.

Lucas Beneyto



sábado, 21 de septiembre de 2013

Mirta Colangelo, primavera!

Ciruelo de mi puerta, si no volviese yo,
la primavera siempre volverá.
Tú,  florece.

Anónimo Japonés














Te encontré en el jardín de tu casa cerca del mar.
Nos reunimos bajo el aromo florecido, tu perfume se mezclaba en el amarillo.
Una pareja de benteveos, en la aguja más alta, puso una nota violeta agudo antes de que se borre el día.

Entonces supe otra vez el secreto de la vida –aquel de Levertov-  que descubriste para mí en tantos poemas y que siempre olvido y que siempre vuelvo a encontrar.