Homenaje al querido amigo Piche Magnoni a través de los recuerdos de su hermana Lochy:
GRAN CIRCO HERMANOS MAGNONI
Nuestra niñez fue
hermosa y estuvo llena de juegos compartidos con los amigos del barrio y de la
escuela.
Jugábamos a todo: a
la casita, a la selva, a la búsqueda del tesoro, a los artistas, a la
peluquería, a los cowboys con Norita Remón y Jorge Chiaradía, a bautizar a las
muñecas -siempre Piche era el cura- y hasta a la venta de licuados que habían
aparecido por entonces.
Pero el juego que más
nos apasionaba era el circo.
Nuestro papá, que era
muy hábil, nos construyó un columpio enorme, alto, seguro, con grandes tablas
de madera que sostenían el pie. Tenía una hamaca sujetada con cadenas y
podíamos agregarle un trapecio y una barra para colgarnos, que entraba en los
agujeros de los parantes laterales.
Pasábamos horas
balanceándonos, colgándonos con manos y piernas del trapecio y de la barra.
Como era la más
grande de los dos, yo era quien sostenía; en un envión medido cronométricamente
nos enganchábamos volando por unos segundos en el aire.
Así íbamos armando la
función y avisábamos a los chicos que también hacían sus partes en el circo.
Colocábamos sillas y
bancos, poníamos una sobrecama color rosa viejo a modo de alfombra y comenzaba
el espectáculo.
El que estaba
dispuesto podía sumarse a la troupe, los demás eran espectadores.
Nuestro perro paseaba
en círculos y obedecía órdenes –cuando tenía ganas.
El sulky de Piche
recorría la pista con algún niño-jinete sentado en el caballo.
Los payasos eran Ana
María y Rodolfo Marcó y juntos hacíamos payasadas.
Para finalizar
llegaba el número más difícil y riesgoso: el domador.
Piche, llevando una
pequeña silla –que todavía conservo- y un látigo armado con un palito y un
piolín, ingresaba valientemente al gallinero y hacía cerrar la puerta para que
no se escaparan los leones, digo las gallinas.
El alboroto era
tremendo, las gallinas cacareaban volando por todos lados, plumas incluídas. El
perro ladraba, el público gritaba y aplaudía.
Estábamos en un circo
de verdad, querido hermano mío.
Lochy Magnoni
Agosto de 2014
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