lunes, 8 de abril de 2013

No hago otra cosa más que leer...(biografía de la quietud)

Mansfield, anoche -¿Qué puede hacer una en medio de la plena perfecta felicidad?- entre tantas que han sido estas noches de mis cuarenta –Woolf, Lessing, Duras, Lispector, Andruetto,
amnesia de Muschietti, Storni, Dickinson- mis hermanas. Venía del lenguaje hecho y deshecho de Vallejo, de Pessoa, de simbolistas e imaginistas, de poetas de los noventa, de novelas clásicas que finalmente tenía la paciencia de leer a mis treinta. Después de García Márquez y sus compadres, de Gelman, de Walsh, de los libros de la identidad en los ochenta. Y antes, Pizarnik y los surrealistas y Neruda y Cortázar, salir de la adolescencia; volver a entrar con Ana Frank, con Lorca, con las últimas mujercitas, ya casi no me acuerdo. Las Alicia, los Robin Hood, Sigmar y C. C. Vigil. Lejos, todavía me espera Pinocchio, así, en italiano.

El libro que nos busca (o: Una lectora seducida)





Soy una mujer, soy una persona, soy una atención, soy un cuerpo mirando por la ventana. Del mismo modo, la lluvia no está agradecida por no ser una piedra. Ella es la lluvia. Tl vez sea eso lo que se podría llamar estar vivo. No es más que esto, sólo esto: vivo. Y sólo vivo de una alegría mansa. Silencio. No es más que esto, sólo esto: vivo. Y sólo vivo de una alegría mansa.

Silencio, Clarice Lispector



Con ese calor,-¿era enero del 2006, 2005?-  en la mesa de saldos, el olor transpirado de la vieja tinta y el papel de tantos otros cuerpos apilados, por eso busqué tu  mano, que rozaras mi cubierta oscura, los ojos, los seis ojos para mirarte. Y tu mano pasó sobre mi cubierta, me acercó a tus ojos. Te decidiste rápido, era poca plata, un riesgo menor. Ah…pero no sabías. La escritura de Clarice es una red sutil y perturbadora, podés huir, esconderte, mirar para otro lado, no entender, jugar a no entender, pero vas a volver, abrir las páginas, repetir, leer en voz alta, dejar que te llamen con ese nombre. 
Ahora tenés un estante lleno de Clarices, es tu tesoro. Ya no podrías vivir sin esos libros, te buscás en ella, te perdés...






viernes, 21 de septiembre de 2012

Mirta Colángelo, para siempre primavera!




." lo importante 
es el vuelo, la trayectoria, el impulso,
el tramo de aire recorrido en su ascenso, 
la oscuridad que desaloja al clavarse
vibrante 
en la extensión de la nada."
José Emilio Pacheco

Hace unos pocos días, el jueves 13, luego de la sentencia a los asesinos del V cuerpo de ejército
Mirta Colángelo me enviaba este poema de Pacheco
vale ahora como señal, mano en alto para saludarla, en la trayectoria que inicia
siempre será su alma ese rayo que desaloja la oscuridad

Mirta, feliz día de la primavera para siempre!!

viernes, 4 de noviembre de 2011

David Mc Kee, Elmer y Wilbur

Elmer y Willbur en Rayitos



¿Dónde te gusta esconderte? -pregunto a las nenas y nenes de Rayitos.
Es jueves, octubre y nos reunimos en el rincón de la alfombra.
-Debajo de la cama –dice Flor.
-Debajo de la mesa –Estela.
-En el galpón del patio –Lucila.
-Atrás de un árbol.
-En mi casa.
-Arriba del techo –se entusiasma Juan Manuel.
-Debajo del agua, jaja! –dice alguien y se ríe.
-¿Y si fueran elefantes? –pregunto.
Hablamos un poco de cómo son los elefantes.
-Ahí tenés uno –me dice Estela y señala un dibujo en mi blusa hindú.
Agustín se acerca a tocarlos, uno por uno: -Tenés muchos.
Conversamos sobre los elefantes, dónde podrían esconderse, tan tan grandes.
Presento el libro: Elmer y Willbur.
Estela dice que está en el jardín de infantes al que concurre.
-Ese elefante es de colores –enseguida avisa uno de los chicos al ver la tapa.
Conversamos entonces de los colores de los elefantes.
Presento el título, la tapa, lo que allí está escrito.
Me detengo en la guarda, esas dos hojas antes del cuento, sin texto.
-Miren los pájaros azules y el cielo rosa –digo.
-Es África –dice Lucila.
-Sí, es África, ahí están Elmer y Willbur.








Nico susurra sus poemas

En el sol hay un girasol
y con el diente de león
hacen la fiesta
del amarillo.


El fuego se enciende.
La sangre, la manzana, la pimienta,
ahí se esconde el rojo.

Nicolás U. 9 años

Melina susurra en la municipalidad

Añadir leyenda


El negro
está en los ojos de mi hermano
y en el caballo salvaje.

Melina, 12 años.